El Día del Libro… va de Moisés

Aprovechando que hoy es el Día Internacional del Libro y que el próximo jueves, día 27, nos toca volver a nuestros inicios en el ciclo La Obra en su Contexto, con la reproducción del Moisés de Miguel Ángel, vamos a abrir boca con unas palabras de Giorgio Vasari.

MoisésLa historia de la escultura y del proyecto al que pertenece, la Tumba de Julio II, es compleja e intrigante. Está plagada de anécdotas, dramas, interrogantes y, sobre todo, retrasos. Proyectada a lo largo de casi 40 años -desde 1505 a 1545-, la tumba ha solido calificarse como la “tragedia de su vida”.

En este pasaje, Vasari nos hace ver las aguas turbulentas en las que Miguel Ángel se vio obligado a navegar.

En 1533 murió el Papa Clemente y, por consiguiente, se interrumpió en Florencia la construcción de la sacristía y la librería que quedaron sin concluir, aunque con tanto empeño se había intentado terminarlas. Pensó entonces Miguel Ángel quedar completamente libre para poner fin a la sepultura de Julio II, pero cuando fue elegido Pablo III, no tardó mucho tiempo en hacerle llamar y le pidió que se pusiera a su servicio, haciéndole mil agasajos y ofrecimientos. Declinó Miguel Ángel la proposición diciendo que estaba obligado, por contrato con el duque de Urbino, a terminar el mausoleo de Julio. Se encolerizó el Papa y le dijo: «He tenido este deseo durante treinta años, y ahora que soy Papa ¿no lo conseguiré? Romperé el contrato y estoy decidido a que me sirvas de cualquier modo». Viendo esta determinación, Miguel Ángel tuvo deseo de irse de Roma y encontrar algún medio de concluir la sepultura. Pero temeroso, como hombre prudente, de la autoridad del Papa, intentó entretenerlo con promesas, viéndolo tan anciano, hasta que ocurriera alguna novedad. El Papa, que quería hacerle realizar a Miguel Ángel alguna obra destacada, fue un día a visitarlo en su casa, en compañía de diez cardenales, y quiso ver todas las estatuas del mausoleo de Julio, que le parecieron milagrosas, especialmente el Moisés, del cual dijo el cardenal de Mantua que esa figura sola bastaba para honrar al Papa Julio. Viendo los cartones y dibujos que preparaba para las paredes de la capilla, y que le parecieron estupendos, el Sumo Pontífice de nuevo pidió con insistencia a Miguel Ángel que se pusiera a su servicio, prometiéndole lograr que el duque de Urbino se conformara con tres estatuas, encargándose a otros maestros excelentes la tarea de ejecutar las restantes según sus modelos. Medió, pues, Su Santidad ante los agentes del duque y se hizo un nuevo contrato, confirmado por ese príncipe, y Miguel Ángel se comprometió espontáneamente a entregar las tres estatuas y hacerlas colocar, para lo cual depositó en el Banco de los Strozzi mil quinientos ochenta ducados, cosa que hubiera podido eludir, pero que hizo, contento de verse librado de tan larga y desagradable empresa.

Giorgio Vasari. Vida de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos.

¿Intrigados? ¿Curiosos? El jueves a las 18:00 os esperamos en el Museo de Reproducciones, con Miguel Ángel y el Moisés para la Tumba de Julio II.

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