Laocoonte en París

Los días 27 y 28 de julio resuenan de forma singular en la historia del grupo escultórico más famoso de los Museos Vaticanos: Laocoonte y sus hijos. Durante esos dos días Laocoonte desfiló por las calles de París como un preciado botín de guerra, rememorando aquellos desfiles triunfales que nunca faltaban en las campañas militares de la antigua Roma.

Tras la invasión napoleónica de Francia, el enfrentamiento con los Estados Pontificios no se hizo esperar, a pesar de la neutralidad mantenida por el Papa hasta el momento. Tras haber ocupado la mayor parte de la península italiana, las tropas napoleónicas avanzaron sobre los territorios pontificios y obligaron al entonces pontífice, Pío VI, a firmar el Armisticio de Bolonia. Era el 23 de junio de 1796. A pesar de las duras condiciones que se imponían a los Estados Pontificios el Directorio francés se negó a ratificarlo y el ejército napoleónico avanzó hacia Roma.

La derrota de los ejércitos papales en Faenza obligo a una retirada hacia Tolentino, donde, finalmente, se firmaría el célebre tratado que lleva su nombre -19 de febrero de 1797- en virtud del cual, entre otras cosas, las mejores obras de arte del Vaticano debían enviarse a París. Más de 100 pinturas y otros tesoros artísticos abandonarían Italia; entre ellas, Laocoonte y sus hijos.

El traslado de la estatua se realizó en la primavera de 1798 y los días 27 y 28 de julio de ese mismo año, obras de arte y otras rarezas confiscadas por los ejércitos napoleónicos desfilaron por las calles parisinas, tal y como puede contemplarse en un vaso de Sèvres pintado hacia 1813 a partir de un dibujo de Joseph-Etienne Valois.

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Detalle de la decoración del Vaso de Sèvres con el grupo de Laocoonte (derecha) y la Venus de’ Medici (izquierda). El Vaso se conserva en el Musée Nationale de Céramique.

Tras el desfile, el Laocoonte se expuso en el Museé Central de Arts, que en 1803 pasaría a llamarse Musée Napoleon. Aunque en un primer momento ocupó el mismo espacio que otras de las piezas llegadas de Italia, en el antiguo apartamento de la Reina Ana, pronto se trasladó a un espacio de honor, en una sala adaptada ex profeso para su exhibición.

Habría que esperar hasta finales de 1815 para que la obra expoliada regresase a Italia y se reinstalase en el Belvedere. Sin embargo, durante el trayecto, en Moncenisio, el 23 de noviembre, la estatua se cayó del carro que la transportaba. Toda la parte inferior de la figura se fracturó y a su llegada al Vaticano hubo de ser debidamente consolidada y restaurada.

Esta y otras muchas historias sobre Laocoonte y otras piezas clave de la Colección del Museo de Reproducciones os esperan a partir del mes de septiembre en el ciclo La obra en su Contexto. Este curso, para conmemorar nuestro décimo aniversario en la Iglesia del Corazón de María, recuperaremos las piezas más interesantes de estos ocho años de ciclo.

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